Lo primero que notás al bajar del avión es el viento: en Aruba sopla todo el día, parejo, y hace que el calor se lleve mucho mejor. Después aparece el resto — un mar turquesa tan quieto que parece pileta y cactus altos al costado de la ruta, porque este Caribe es seco, no selvático. Es una isla ordenada y sin sobresaltos, de esas donde a los dos días ya sabés moverte sola.
Es chiquita —unos 30 kilómetros de largo, que recorrés en auto en tres cuartos de hora— y tiene dos caras bien distintas. La costa oeste es la del turquesa: Eagle Beach, ancha, de arena fina y clara, con esos árboles inclinados por el viento que crecen sobre la misma playa, y Palm Beach, más movida, con hoteles altos, restaurantes y veredas llenas a la noche. El lado atlántico, al noreste, es lo opuesto: mar bravo, roca y desierto, con el parque Arikok que recorrés en 4x4 y no se parece en nada a la postal. Y en el medio queda Oranjestad, la capital, con casas coloniales bajas pintadas de colores, herencia holandesa.
Aruba está fuera del cinturón de huracanes, así que funciona todo el año, incluso entre septiembre y noviembre, cuando buena parte del Caribe está en temporada de tormentas. Llueve poco y, cuando llueve, son chaparrones cortos que se concentran entre octubre y enero; el resto del año es sol y unos 30 grados parejos. Entre mayo y julio el viento sopla más fuerte: se agradece, aunque a la sombrilla la vas a tener que clavar hondo. Si querés el mar en su versión más quieta y el agua más tibia, apuntá a septiembre.
Aruba es una isla ordenada, y eso se nota en cosas chiquitas: rutas en buen estado, agua de la canilla que tomás sin pensarlo, todo a distancias cortas. Hay colectivo por la costa, así que no necesitás alquilar auto, y tampoco te hace falta encadenar excursiones para que el viaje valga la pena — acá el plan puede ser el mar y nada más. El agua ayuda: entra de a poco y sin olas, así que la disfrutás igual si no sos gran nadadora, y en Baby Beach, en la punta sur, te alejás metros y metros y seguís haciendo pie. Es una isla para tomarte el tiempo, que es exactamente como nos gusta viajar.
Dos cosas para saber antes de decidir. Una: Aruba es cara. Comer afuera cuesta lo que cuesta en Estados Unidos, y la oferta all inclusive es minoritaria comparada con la de otros destinos del Caribe. Dos: si tu idea del Caribe son cocoteros y verde por todos lados, esta no es la isla — es seca, de cactus y arbustos bajos, y en la playa, más allá de un par de árboles célebres, hay poca sombra natural. Sombrero, protector fuerte y una remera para meterte al agua no son opcionales.
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